Los seres humanos nos comunicamos entre sí de muchas maneras; a través del lenguaje, textos, dibujos, gestos, música, dependiendo de la audiencia o de la cantidad de personas con quienes interactuamos. Hasta el silencio entre las personas también “habla” y transmite.
El lenguaje influye en el pensamiento humano ya que estructura y guia la forma de pensar y procesar la información para poder interactuar con el entorno de forma eficiente; en otras palabras, la estructura del idioma que hablamos puede moldear la manera como percibimos, clasificamos y recordamos al mundo.
En los años 30’s del siglo XX, los lingüistas Benjamin Whorf y Edward Sapir1, postularon el “relativismo lingüistico” en los que plantean que “la estructura del idioma materno influye, condiciona o moldea la forma en que sus hablantes perciben, categorizan y piensan la realidad”; que aunque no determina el pensamiento de forma absoluta, sugiere que las diferentes lenguas ofrecen enfoques únicos y distintos.
Para los prenombrados autores, el mundo que percibimos se halla distorsionado por el lenguaje que hablamos porque interpretamos al mundo a través de un filtro lingüistico. Visto así, las manifestaciones artísticas no resultan ajenas ni neutrales como la música, especialmente visibles en el género urbano.
Recientemente en Santa Clara, California, en el Levi’s Stadium, se celebró el Super Bowl 2026, con un espectáculo de medio tiempo que generó expectativas tanto en el público asistente, como en los 124,9 millones de expectadores a nivel mundial (según datos de CNN en Español y ABC7 Los Angeles). El artista más esperado fue Bad Bunny quien contó con la participación de Ricky Martin, Cardi B, Karol G, Lady Gaga, entre otros famosos.
Si consideramos que se trata de un intermedio musical que se desarrolla en el partido final del Campeonato de la National Football League (NFL); que se trata de un deporte típicamente americano, alineado con los valores norteamericanos; ¿Resulta apropiado dirigir el show a la población latina que hace vida en EE.UU obviando al público anglófono? ¿Los expectadores, estadounidenses y latinos, se identificaron con el espectáculo? ¿Qué mensaje se quiso transmitir y cuál fue su alcance? ¿Las cámaras “poncharon” la reacción del público allí presente?
Muy diferente fue el show de Michael Jackson en 1993, no sólo por la puesta en escena, músicos y banda sonora, sino porque fue capaz de integrar al público como parte del espectáculo, a través de un mensaje inspirador que movilizó emociones. Los asistentes se sintieron integrados porque formaron parte de la presentación; no fueron excluidos.
Como seres gregarios que vivimos en sociedad, necesitamos ser parte de ella para poder interactuar, aprender, y vivir en comunidad. Pertenecer nos brinda apoyo emocional e identidad, y es fundamental para la salud mental reduciendo los riesgos del aislamiento2. Experimentar un sentido de pertenencia resulta vital para nuestro bienestar psicológico. El sentirnos parte de una comunidad saludable nos ayuda a conectarnos con los demás; a compartir valores en común porque nos identificamos con el sentido de pertenencia a una comunidad que es más grande que nosotros.
Angloparlantes e hispanohablantes interpretamos el mundo de manera distinta; nuestros pensamientos están influidos por nuestra cultura, percepción, valores, experiencias y creencias que expresamos a través del lenguaje. Es el momento de hacer una introspección y entrar a valorar la forma de reconocernos y autopercibirnos individual y colectivamente.
La teoria del lenguaje: https://psicologiaymente.com/inteligencia/teoria-lenguaje-sapir-whorf