¿Qué entendemos por deuda cognitiva?

Para J.J. Bolinaga, citando a Colado García, la deuda cognitiva se trata de “la reducción progresiva del esfuerzo metacognitivo como consecuencia de la externalización prematura de procesos de pensamiento en herramientas algorítmicas, que deriva en menor consolidación del pensamiento, menor capacidad de transferencia y dependencia funcional”.1 En otras palabras, cada vez que delegamos un cálculo, una redacción, ubicación o decisión a un algoritmo, perdemos autonomía y dejamos de entrenar habilidades cognitivas esenciales.

Desde el 2022 estamos viendo cómo el auge de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM) como ChatGPT de OpenAI, Gemini de Google Copilot de Microsoft, han transformado nuestra cotidianidad. Resulta sorprendente encontrar especialmente en el ámbito universitario donde laboro, la elaboración de ensayos entregados a última hora con una perfecta redacción gramatical pasmosa; estudiantes que presentan trabajos que guardan gran similitud entre si, con citas de autores genéricos que poco aportan a la especialidad o al área de conocimiento.

La reflexión es poca; algunos se dedican a describir superficialmente una situación (como si se tratara de un paisaje) sin llegar a profundizar en el análisis. En consecuencia, las recomendaciones que aportan de cara a las propuestas para abordar una problemática, resultan triviales y alejadas del meollo a investigar. Sin embargo; no todo está perdido. Resulta altamente esperanzador y gratificante hallar trabajos donde la lectura, el análisis y la reflexión se encuentran presentes. Participantes que desde su área de conocimiento integran saberes y proponen estrategias novedosas. ¡¡¡Bravo por ellos!!!

El asunto es más inquietante en los niños y jóvenes de primaria y bachillerato, donde debe estimularse el razonamiento y pensamiento crítico. Si en aras de preservar la salud tenemos que ejercitar articulaciones y músculos para evitar que se atrofien, con más razón tenemos que buscar estrategias para “ejercitar” la mente para recordar nombres, direcciones, números de teléfonos, operaciones de cálculo sencillo, dibujar, leer, o hacer una lista mental de todas las cosas que hicimos durante el día antes de ir a dormir. Insistirle a los hijos que tanto Siri como Google son una herramientas que admiten errores como “alucinaciones”, por lo que hay que validar la fuente o la información obtenida.

No hay que perder de vista que el cerebro humano aprende y se fortalece a través del desafío; así surge la rueda, la palanca, la escritura, la bombilla eléctrica, el teléfono, los viajes espaciales, la comunicación inalábrica, entre otros. ¿Se imaginan perder la capacidad de luchar contra un obstáculo y hallar soluciones innovadoras?

Somos los seres humanos los llamados a mantener el control; no al revés. Convirtámonos en los defensores y promotores del aprendizaje.

(1) La deuda cognitiva: el costo invisible de la inteligencia artificial. https://www.elnacional.com/2026/01/la-deuda-cognitiva-el-costo-invisible-de-la-inteligencia-artificial/

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