El mito de Narciso nos ayuda a entender el significado de la vanidad; allí se cuenta que era un joven enamorado de sí mismo. Un día al ver su hermoso rostro reflejado en el lago, se torna absorto y embelesado por lo que se le hace imposible apartarse de la imagen que observa, incapaz de hacer algún movimiento. Finalmente al querer acercarse más y más a la imagen para contemplarla mejor, Narciso cae ahogándose al no poder separarse de su reflejo; y en ese lugar creció una hermosa flor.
La vanidad no es más que el orgullo de aquellos que tienen un alto concepto de sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por los demás; generalmente son conocidos por ser engreídos, ostentosos, orgullosos, petulantes, o presuntuosos.
Las personas vanidosas se sienten superiores a todos, ya sea desde el punto de vista físico e intelectual; siempre se creen mejores, más interesantes, más inteligentes y más atractivos que el resto de los mortales. Debido a esto, no pierden la oportunidad de exhibir la indiferencia y menosprecio que le merecen los demás, destacando sus supuestas y extraordinarias capacidades.
En el fondo, estas personas esconden un sentimiento de inferioridad y el deseo de ser aceptado por el otro. Por eso cuando alardea de sus virtudes, el vanidoso intenta demostrar que no es menos que nadie y espera el aplauso y la admiración de quienes le rodean.
La vanidad es muy diferente al aprecio y reconocimiento sincero que los demás hacen de nuestros méritos. Por eso es importante que los adultos estimulen en los niños la seguridad y confianza en sí mismos, una sana autoestima, y que reconozcan su valía personal.